Terremoto de Lombok - Atrapados en Gili Trawangan

En el terremoto de Lombok fallecieron 557 personas, se reportaron 2.000 heridos, y se calcularon más de 20.000 personas damnificadas.

Viaje desde Amed a Gili Trawangan

El 5 de agosto de 2018 ocurrió un terremoto en Lombok de 6.9 Mw que causó estragos en Indonesia y por el cual durante 45 minutos hubo un aviso de posible tsunami. Fallecieron 557 personas, se reportaron 2.000 heridos, y se calcularon más de 20.000 personas damnificadas. Justo en ese momento yo estaba de vacaciones en Indonesia con dos amigos y nos tocó vivirlo en primera persona. Aquí cuento mi experiencia vivida durante el terremoto de Lombok:

El 4 de agosto de 2018 llegamos con nuestras mochilas a Gili Trawangan con ganas de descubrir esta isla de arena blanca, agua cristalina e ideal para los amantes del snorkel y el buceo. Para quien no lo sepa, la isla Gili Trawangan, conjuntamente con Gili Air y Gili Meno forman parte de un conjunto de islas situadas al norte de Lombok (Indonesia). Estas tres islas, que están una al lado de la otra, son junto a Bali y Nusa Penida, las islas más famosas de Indonesia.

Estaba viajando con dos amigos y después de visitar las Gilis Secretas de Lombok, subimos al norte de Lombok, hasta el Puerto de Bangsal. Desde allí, cogimos una pequeña barca repleta de extranjeros dirección Gili Trawangan. Llegamos por la tarde y rápidamente encontramos una Guesthouse donde hospedarnos. La Guesthouse estaba repleta de pequeños bungalows hechos de bambú, una piscina y buen ambiente. Dormiríamos en una habitación compartida con 3 camas por 15 euros la noche y pasaríamos 3-4 días.

Después de cenar salimos a tomar algo por la zona de las playas que es donde están todos los bares. Me impresionó la cantidad de extranjeros que había en esa pequeña isla. Algo comparado a Koh Phi Phi. Buen ambiente y mucha gente con ganas de fiesta.

Terremoto de Lombok del 29 julio de 2018 de 6,4

Al día siguiente nos fuimos a descubrir las playas de Gili Trawangan. La playa que está al lado del centro turístico está repleta de barcos de gente que llega y se va de la isla y barcos que van y vienen de hacer rutas turísticas por los alrededores. Por el paseo de al lado de la playa pasan carruajes que llevan a extranjeros a sus hoteles y los restaurantes, hoteles y agencias de viajes se amontonan separados solo por pequeñas callejuelas sin asfaltar.  

En frente de la playa, se ve Gili Meno y más a lo lejos, el Monte Rinjani, un volcán activo situado en la isla de Lombok. El Monte Rinjani tiene una altitud de 3.726 metros, lo que lo convierte en el segundo volcán más alto de Indonesia. Días antes, la mañana del 29 de julio, había ocurrido un primer seísmo de una magnitud 6,4 con epicentro al nordeste de Lombok. La sacudida duró 15- 20 segundos e incluso se sintió en Bali. Los derrumbes en el Monte Rinjani dejaron atrapados en la montaña a 826 excursionistas y tuvieron que ser rescatados. En total, las autoridades confirmaron 14 fallecidos (de entre ellos un excursionista) y cientos de heridos.

Hacía tan solo una semana de este terremoto, pero pensábamos que estas cosas pasan una vez cada tanto en cuanto. Así que si acababa de pasar, no debería volver a ocurrir otra vez tan seguidamente. Estábamos muy equivocados.  

El terremoto de Lombok de agosto de 2018 de 6.9  

Por la tarde nos alejamos del centro dirección norte, lejos de la zona de los bares, ya que se está más tranquilo y las playas están más vacías. Éramos 5, nosotros 3 y otros dos chicos españoles que habíamos conocido. Después de una tarde tranquila en la playa jugando a cartas, sobre las 19:30 decidimos ir volviendo para cenar algo por la calle principal.

El terremoto ocurrió a las 19:46. Íbamos caminando por el paseo junto a la playa, sin preocupación alguna, cuando súbitamente la tierra empezó a tambalearse. No fue uno de esos pequeños temblores que ves la lámpara moviéndose y te das cuenta de que algo está pasando. La tierra se movía como si fuese plastilina. Se quedó todo a oscuras y nosotros no pudimos más que tambalearnos de lado a lado intentado no caer al suelo. El propio instinto nos hizo alejarnos del muro y los árboles y logramos llegar a la playa a trompicones.

Cuando la tierra se volvió estable de nuevo, ninguno de nosotros entendía qué acababa de pasar. Estábamos en shock. En Kunming había sentido terremotos antes, pero nunca nada parecido. Aún con el shock en el cuerpo, nos aseguramos de que los 5 estuviésemos bien. Por suerte, no había habido ningún percance.

No teníamos ni idea de qué se hace en una situación así. Estábamos aún con el susto en el cuerpo cuando vimos a un local que estaba justo al lado nuestro con la linterna del móvil enfocada hacia las olas del mar.  Si hacia un rato estaba la mar tranquila, ahora se veía muy movida. Nos dijo que mirásemos al mar, y que si el agua se iba para atrás era el aviso más claro de que se acercaba un tsunami así que tocaba correr.

¿Correr?, ¿a dónde? Era todo plano y como mucho había algún hotel de 2 plantas que daba cosa entrar por si se venían los cimientos abajo. Nos comentó que justo detrás de donde está el centro de la ciudad había una pequeña colina de 20-30 metros de alto. No era mucho, pero podría ser suficiente si venía un tsunami.

El segundo susto: aviso de posible tsunami

Justo en ese momento, de repente, vimos a un montón de gente corriendo por el paseo en dirección sur, al centro turístico de la isla. En ese momento nos temimos lo peor. El corazón se me aceleró de golpe. En un solo segundo me imaginé una ola gigante que venía en esa dirección y que nos arrastraba a todos hacia al océano.

Volvimos corriendo a la calle del paseo para ver qué estaba pasando. Una chica española se paró y nos dijo que el gobierno de Indonesia había notificado un terremoto de 6.9 al norte de Lombok y había un aviso de un posible tsunami así que se estaban dirigiendo a la única colina que había.

Intentamos mantener la calma y no separarnos mientras la multitud pasaba corriendo por nuestro lado. El problema, a parte del posible tsunami, era que para llegar a la colina tenías que cruzar todas las calles de muros y edificios que con cualquier otro temblor podrían derrumbarse. Sabíamos que el mar en ningún momento se había ido hacia atrás y, aunque no estábamos totalmente seguros de que eso fuera suficiente, nos tranquilizaba un poco. Así que en cuestión de segundos, decidimos ir dirección hacia el monte pero en vez de entre los edificios, ir por la playa mirando el mar.

En ese corto instante perdimos a los otros dos españoles que habíamos conocido. Supusimos que se habrían ido como la mayoría entre los edificios. Nosotros, seguimos con nuestro plan y volvimos a la playa.

Con el susto en el cuerpo: un paseo eterno

Mientras caminábamos a buen ritmo y nerviosos nos tranquilizó un poco empezar a ver que no éramos los únicos que iban por la playa. Nos fuimos juntando unos cuantos con el mismo plan. En ese instante, llegó la segunda réplica que fue de 5.5. El suelo volvió a moverse fuertemente pero no tanto como la primera vez. No pudimos evitar preguntarnos si los que estaban yendo por las calles estarían bien.

Durante el camino se fue uniendo gente y el grupo se hizo más grande. También nos cruzamos algunos que otros heridos. Sobre todo, me acuerdo de ver como atendían a una persona postrada en una camilla con la pierna abierta como si un muro le hubiese caído encima y a otro al que le costaba respirar. Tengo en la memoria clavada también grupos de mujeres indonesias, rezando en voz alta con voz temblorosa mientras sujetaban a sus hijos pequeños que no paraban de llorar.

No sabría decir cuánto tiempo estuvimos caminando por la playa, quizás unos 15-20 minutos, quizás menos, no lo sé, pero a mí se me hizo eterno. Por fin llegamos a la calle paralela que se dirigía directamente hacia la entrada de la colina.

El dilema: dormir en la playa o cruzar los bloques de edificios hasta la colina

Miramos el mapa. Había 500 m entre edificios hasta llegar a entrada de la colina y luego, posiblemente, un camino rodeado de árboles hasta la cima. No estábamos seguros de qué hacer. Si el tsunami no había llegado ya, sería raro que llegase ahora. En cambio, otra réplica, podría tirar abajo algún muro ya dañado por las otras dos sacudidas anteriores y nos arriesgábamos a que se nos cayera encima.

En ese momento nos percatamos de que había una chica local que informaba a gente de algo enseñando su móvil. Le preguntamos qué pasaba y nos informó de que se había cancelado el aviso de tsunami. Entre esa buena noticia y que no nos hacía mucha gracia pasar entre tantos edificios dañados optamos por quedarnos en la playa a dormir.

Empezamos a coger sofás, puffs, mantas y cojines y nos amontamos en distintos grupos, siempre mirando al mar. Hablando con gente nos enteramos de que normalmente el primer terremoto suele ser el más fuerte y luego vienen replicas más pequeñas que van disminuyendo progresivamente.

La noche más larga de mi vida

Al cabo de un rato descansando y después de haber sentido alguna que otra réplica decidimos dar una vuelta por la línea de restaurantes que había frente a la costa para ver como habían quedado las casas. Había edificios derrumbados del todo y unos cuantos que aguantaban a duras penas.

En la terraza de uno de los restaurantes nos encontramos a 3 indonesios metiéndose un festín de lo que habían dejado los comensales. Nos invitaron a comer con ellos y aceptamos sin pensarlo, ya que no habíamos comido nada desde el mediodía. Para nuestra sorpresa, pasamos de estar preocupados por un tsunami a estar disfrutando de una mariscada en cuestión de segundos. Una vez con la barriga llena, volvimos donde estábamos e intentamos dormir. Yo no pude echar ojo en toda la noche por culpa de las pequeñas replicas que había cada media hora que me ponían en alerta. En cambio, me acuerdo de escuchar a uno de mis amigos roncar. Al final no hay nada como saber aceptar lo que llegue.

Salir de la isla, toda una odisea

Por fin, llegó el tan esperado amanecer y todo el mundo empezó a levantarse para ir a su hotel, coger las mochilas e intentar salir de la isla como se pudiera. Me sorprendió mucho llegar a nuestra Guesthouse y ver que estaba totalmente intacta. Los bungalows de bambú habían aguantado perfectamente. Los jefes de la Guesthouse no nos dejaron pagar nada por nuestra estancia así que nos despedimos de ellos agradeciendo su cordialidad y deseándoles lo mejor. Una vez con las mochilas en nuestras espaldas, volvimos a la playa pasando por muros derrumbados y edificios caídos.

Al llegar, cientos de personas se empezaban a amontonar en la arena. Los primeros en irse fueron los locales. Estuvimos dos horas únicamente viendo como salían barcas pequeñas llenas de gente, regresaban vacías y se llenaban de nuevo en un minuto. Intentamos un par de veces subir en una de estas barcas pero enseguida nos quedó claro que, menos algún que otro afortunado, solo aceptaban amigos y familiares.

Al cabo de un rato llegó lo que parecía una lancha de la policía. Atracó justo al final de una pasarela donde se acumulaba un montón de gente y había una cola de unos 300 metros. El barco se llenó enseguida y se fue por donde vino.

 Al momento, más cerca de donde estábamos nosotros, llegó un barco mucho más grande y varó directamente en la arena. Nos acercamos para intentar subir y empezó la locura. Sacaron una escalera, empezó a subir gente y esa misma gente que subía y la tripulación del barco empezó a ayudar a subir a terceros por los lados del barco, que estaban a una altura de 2 metros. Era un sálvese quien pueda. Los que no lograban subir se caían al agua con la mochila. En este primer intento nos fue imposible llegar a primera línea del barco. Se llenó y se fue.

Ahora o nunca

Esta vez nos quedamos a orillas del mar cerca de donde había varado el último barco. Estaba a rebosar de gente y mientras esperábamos hubo alguna que otra réplica que te ponía en tensión. Al rato, llegó otro barco igual de grande que el anterior. Lo volveríamos a intentar, aunque no las teníamos todas con nosotros.

En este barco intentaron organizarse un poco mejor. Dijeron que solo entrarían mujeres y niños. Empezaron a subir tanto por las escaleras como por los costados ayudados por la tripulación del barco. De vez en cuando se colaba algún hombre y ayudaba a subir a otros. Nosotros nos pusimos justo en un lado y pedimos que ayudaran a subir a nuestra amiga. Cogieron el brazo de mi amiga y con nuestra ayuda desde abajo logró subir. Justo cuando se disponían a ayudarnos a subir vino uno de la tripulación a echarles la bronca y los mandó hacia atrás: solo mujeres y niños.

 Mi amiga empezó a decirle que éramos su hermano y su novio y que por favor nos dejasen subir pero el tripulante hizo caso omiso. No nos queríamos separar por nada del mundo y seguimos insistiendo. Subieron a unas cuantas mujeres más. Inesperadamente, un chico indonesio que estaba justo al lado nuestro a pie de playa, empezó a gritarle a un tripularte señalando a nuestra amiga que estaba arriba y a nosotros que estábamos abajo. No sé que le debió decir pero le convenció para ayudarme a subir. Con la piel de gallina y emocionado agradecí al chico por habernos echado un cable.

No fue nada fácil subir con la mochila en la espalda. Entre el tripulante, mi amiga desde arriba y mi otro amigo empujándome desde abajo logré subir. Solo subir nos pusimos a ayudar a nuestro otro amigo. Era más grande y más alto que yo por lo que nos costó lo suyo. Una vez los tres en el barco nos abrazamos y no dijeron que nos fuéramos para atrás. De lejos volví a agradecer de corazón al chico que nos había ayudado, el barco empezó a moverse y lo vi cada vez hacerse más pequeño.

Llegada a Lombok: el timo más rastrero

Cuando llegamos a Lombok, al alejarnos del puerto nos dimos cuenta de que esto aún no había acabado; en verdad solo nos acabábamos de acercar más al epicentro del terremoto. Había edificios caídos encima de los coches, el suelo de las calles estaba abierto y a parte de los que llegábamos no quedaba nadie allí. No había absolutamente nadie del gobierno indonesio, ni autobuses públicos ni nada.

Fuimos a la estación de autobuses que estaba al lado del puerto. Para nuestra sorpresa, estaba vacía pero había unos cuantos taxistas. Para salir de la isla hacia Bali podías ir en avión desde el Aeropuerto Internacional de Lombok situado en el centro de Lombok o en  ferry por el puerto de Lembar al sur de Lombok. Preguntando precios, nos dijeron que a cualquiera de los dos destinos costaba 100 euros por persona. ¡100 euros! Normalmente no te costaría ni 20 euros el viaje entero. Era un robo a mano armada. Se estaban aprovechando de un desastre natural y de las desgracias de los demás para sacar tajada.

Un grupo de extranjeros aceptó pagar los 100 euros cada uno. El hombre llamó a su amigo y vino una furgoneta que metió a 10 personas dentro. Nos juntamos uno cuantos extranjeros y acordamos no pagar más de 20 euros. Al fin, después de unas cuantas negativas, aceptó llevarnos pero teníamos que pagar antes. Sin ninguna otra opción más, las 8 personas empezamos a pagar a desgana.

Después de un rato esperando, en vez de venir una furgoneta como nos habíamos imaginado, vino un autobús. En el autobús solo dejaban entrar a la gente que tenía acuerdos con esta mafia de taxistas que estaban por el parking. El hombre señaló el autobús, fuimos a la puerta, habló con el conductor, y nos dejaron pasar. El autobús se llenó enseguida. Después le dio parte del dinero al conductor, se quedó él otra parte y se fue a buscar al siguiente grupo de extranjeros. Una vergüenza. El timo más rastrero del siglo.

Viaje en ferry de Lombok a Bali

Decidimos ir al ferry porque habíamos leído que el aeropuerto de Lombok estaba colapsado, que los precios de los aviones también estaban por las nubes y que había pocos aviones. Llegamos al puerto de Lembar después de una hora y media en autobús. Una vez allí, estuvimos haciendo cola durante algo más de una hora. Al fin, pudimos comprar el ticket que nos costó tan solo 40.000 IDR (3 euros) hacia Bali y subimos al ferry.

Nos esperaba un viaje de 5 horas hacia Bali así que aprovechamos para relajarnos un poco después de la odisea que acabábamos de vivir. Era momento de recuperar fuerzas, mejorar los ánimos y empezar a planear nuestro siguiente destino.

Terremoto de Lombok - Regreso a Bali 1

Algunos datos sobre el terremoto de Lombok:

  • El terremoto de Lombok ocurrió el 5 de agosto de 2018 a las 19:46 hora local, a una profundidad de 31.0 km.
  • La sacudida se sintió tan lejos como Sumbaya en el este a 270 km y Trenggalek Regency en el oeste a 730 km de distancia.
  • Después del terremoto, BMKG emitió una advertencia de tsunami para la costa norte de Lombok. Con una altura máxima esperada de solo 50 cm, el tsunami golpeó en tres lugares, el máximo de los cuales fue de 13.5 cm en Carik, North Lombok, y la advertencia fue eliminada más tarde.
  • Hasta el 9 de agosto, se había confirmado la muerte de 259 personas. La mayoría de las víctimas murieron por la caída de escombros debido a la caída de edificios.
  • De las 257 muertes en Lombok, 212 fueron en el norte de Lombok, 26 en el oeste de Lombok (incluidas 7 en las islas Gili), 6 en Mataram, 11 en el este de Lombok y 2 en la regencia de Lombok central.
  • Los funcionarios confirmaron que dos personas habían muerto en Bali, ambas en Denpasar, mientras que 58 personas en Bali resultaron heridas.
  • Más tarde se confirmó la muerte de 557 personas, mientras más de 2.000 se reportaron heridas. Más de 20 000 personas quedaron damnificadas.
  • El terremoto de Lombok provocó que menos 80 % de estructuras en el sector norte de la isla fue destruida o dañada.
  • Todos los muertos por el terremoto fueron ciudadanos indonesios. 
  • Se evacuaron un total de 1.200 turistas de Gili Trawangan, Gili Meno y Gili Air, de los cuales había unos 200 españoles. Aquí te dejo un enlace donde podrás escuchar cómo vivieron varios españoles el terremoto de Lombok.
  • Del 5 al 9 de agosto, los temblores no cesaron y se contabilizaron un total de 350 réplicas del terremoto de 6.9.
  • La falta de recursos por parte del gobierno indonesio y la inexistente ayuda de otros países hizo que no fuera posible desalojar a todas las personas de las islas Gili en un solo día. En consecuencia, muchísima gente tuvo que quedarse a dormir en terrenos elevados durante varios días hasta que pudieron salir de la isla.

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A veces las cosas malas que suceden en nuestras vidas nos ponen directamente en el camino de las mejores cosas que nos sucederán.

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